Este último estudio, Miller-Chagnon, R. L., Shomaker, (2024), cuya muestra son adolescentes con una media de 13 años, avala que el entrenamiento en atención plena protege a los adolescentes expuestos a situaciones estresantes.
Factores estresantes como conflictos familiares, mala situación económica familiar o bajo rendimiento académico, contribuyen al desgaste físico y en última instancia, aumenta la vulnerabilidad para desarrollar problemas de salud mental. (McEwen, 2017).
En los adolescentes, cuyo cerebro está en crecimiento, estos factores estresantes influyen negativamente induciendo cambios en los circuitos neuronales que son necesarios para una regulación adaptativa de las emociones (Sheth et al., 2017).
La exposición a factores estresantes crónicos es un factor de riesgo bien
documentado para el desarrollo de ansiedad y depresión (McEwen, 2017). De hecho, las tasas de ansiedad y depresión solo han seguido aumentando entre
los jóvenes durante la última década (Bitsko et al., 2018; Whitney y Peterson, 2019),
especialmente después de la pandemia mundial de COVID-19 (Chavira et al., 2022).
Las investigaciones existentes sugieren que las intervenciones basadas en la atención plena pueden ser un enfoque eficaz para mejorar el afrontamiento y la salud mental entre los adolescentes en riesgo de problemas emocionales, conductuales y académicos (Rawlett y Scrandis, 2015).
Además, se ha demostrado que la intervención en atención plena (atención al momento presente, sin prejuicios y con un propósito) (Brown y Ryan, 2003) es más beneficiosa en condiciones de alto estrés, de modo que las poblaciones que experimentan factores estresantes crónicos pueden beneficiarse más del entrenamiento en atención plena (Creswell y Lindsay, 2014). Entre los adultos, el entrenamiento en atención plena se asocia con una menor reactividad fisiológica a los factores estresantes (Creswell y Lindsay, 2014), y les proporciona un amortiguador contra los efectos nocivos de los factores estresantes en la salud mental (p. ej., Bergin y Pakenham, 2016).
Del mismo modo, la atención plena, como rasgo, protege a los jóvenes de los efectos psicológicos de los problemas de la vida (Marks et al., 2010). Se cree que, en conjunto, la
atención plena proporciona tanto a los adultos como a los adolescentes un amortiguador eficaz contra los efectos negativos de los factores estresantes en la salud mental.
La regulación emocional se ha conceptualizado como el proceso a través del cual las personas gestionan y expresan eficazmente sus emociones, y es fundamental para responder al estrés (Gross, 2014). Desafortunadamente, la exposición a altos niveles de estrés prolongado o estresores crónicos durante la niñez y la adolescencia puede resultar en cambios neuronales que contribuyen a desarrollar dificultades de regulación emocional (Sheth et al., 2017).
Las personas que habitualmente practican actividades de atención plena (por ejemplo, meditación) presentan diferencias estructurales en las regiones cerebrales centrales para
la regulación de las emociones en comparación con los controles (Wheeler et al., 2017).
Una mayor atención plena también se asocia con una mayor regulación de las
emociones entre los adolescentes (Ma y Fang, 2019; Pepping et al., 2016). Como tal,
una mayor atención plena puede dar lugar a una regulación emocional más adaptativa,
lo que en última instancia puede contribuir a que haya menos problemas de salud
mental entre los adolescentes expuestos a factores estresantes crónicos.
Desde el punto de vista del desarrollo, la adolescencia se caracteriza por la maduración
continua de las capacidades cognitivas (Jankowski y Holas, 2014; Steinberg, 2014) y,
por lo tanto, sin entrenamiento, las habilidades de atención plena pueden no estar lo
suficientemente desarrolladas como para proteger eficazmente a los adolescentes de
los impactos de los factores estresantes. Sin embargo, se ha demostrado que las intervenciones en atención plena, producen una amplia gama de beneficios para la salud de los adolescentes, incluyendo a aquellos que experimentan conductas problemáticas, delincuencia, problemas de salud mental y bajo rendimiento académico (Rawlett y Scrandis, 2015).

