Solemos tildar a Enero como el mes de los nuevos comienzos, pero realmente, es en Septiembre, cuando, tras el largo verano, volvemos a retomar las rutinas, los horarios rigurosos, nuestros hábitos más saludables… o no, el nivel de intensidad en el trabajo, las extraescolares de los niños, las tareas para casa…., y todo acompañado de un cambio en las horas de sol, y un clima algo más incierto con el que comienzan los primeros resfriados.

Así que Septiembre viene cargado de organización, nuevas metas, los mejores propósitos y una buena dosis de estrés. Muchas veces lleva a replantearnos si no debiéramos cambiar también nuestra forma de relacionarnos con todo lo que nos rodea, incluyendo problemas, pensamientos, personas, emociones. Por lo que Septiembre también es el mes mágico del «darme cuenta».
Me doy cuenta de que me estoy estresando, de que tengo que organizarme, de que así no quiero seguir, de que me agobio con cada pequeño problema que me ocurre, de que otro año más igual no podré aguantar.
Así que tal vez este estrés, este «darme cuenta», nos abra un pequeño camino de luz donde podamos preguntarnos:
- ¿Qué fortalezas quiero cultivar?
- ¿Cuál es la historia que quiero empezar a vivir con cada pequeño momento?
- ¿Cómo quiero alcanzar mis metas?
- ¿Qué me ayuda/me hace bien?
- ¿Qué me motiva para cambiar?
Así, que ¡gracias verano!, por finalizar, por los buenos momentos vividos y ¡gracias Septiembre! por darme la oportunidad de responder a mi estrés de forma saludable y constructiva.

Debe estar conectado para enviar un comentario.