
La gratitud es un recurso que podemos fomentar en nuestros hijos, que formará parte de su repertorio de buenas conductas y que fomentará en ellos una de las bases para su posterior bienestar emocional.
Con este árbol de la gratitud podremos trabajar:
- Dotar de valor a aquello que nos rodea, y que a veces damos por supuesto, y que con este ejercicio ponemos énfasis en aquello que queremos que nuestros hijos aprecien.
- Evocar emociones positivas, que podemos generalizar a otros contextos, cuando así lo necesitemos.
- Fomentar los vínculos familiares así como la comunicación, al tratar los temas por los que debemos estar agradecidos.
- Expresar agradecimiento, como una de las habilidades sociales básicas para interrelacionarnos con los demás.
- Expresar creatividad, en la forma en la que mostramos ese agradecimiento.
- Realizar una actividad divertida para los niños, mediante la cual podemos pasar más tiempo de calidad con ellos.
Algunos de los beneficios que tiene por sí misma la gratitud serían:
- Toda gratitud expresa confianza. La gratitud tiene la valentía de confiar y de esa manera supera el miedo.
- En tanto que la gratitud expresa valentía, a su vez propaga calma. Este tipo de calma es muy compatible con las emociones más profundas.
- Cuando eres agradecido, tu corazón se abre. Se abre a los demás por sorpresa. Durante momentos de catarsis en tu vida, o en las vidas del colectivo, a veces vemos ejemplos sobresalientes de actitudes de apertura: a veces personas que no se conocen se ayudan entre sí de forma heroica.
- Te puedes sentir agradecido o aislado, pero nunca los dos a la vez. La gratitud echa fuera la introversión. No hay sitio en el corazón para ambos. Cuando eres agradecido sabes que perteneces a una red en la que se da y se toma, afirmas que quieres pertenecer a esa red.
- Lo que tu gratitud hace por ti es tan importante como lo que hace por los demás. La gratitud potencia tu sentido de pertenecer a algo.
Extraido de David Steindl-Rast

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