
El frasco de la felicidad es una excelente herramienta para fomentar la gratitud y el pensamiento positivo en los niños.
El primer paso es reutilizar un frasco o bote bien limpito. Deja que los niños lo decoren a su gusto, avísales que será un frasco donde lo llenaremos de recuerdos bonitos que nos hacen felices.
Aprovecha la rutina de noche para recordar con ellos qué es lo que más les ha gustado del día. Es una ocasión única para conectar con nuestros niños de una forma sosegada y tranquila. Además de llenar el frasco de recuerdos, nos brinda la oportunidad de comunicarnos con ellos y conocer cómo se ha desarrollado su día, lo que les inquieta, lo que les gusta, acumular historias divertidas… Cuando el bote esté lleno, podemos dedicarnos esa noche a leer todos los recuerdos acumulados. Otra forma de utilizarlo es crear varios botes y llenarlos todos durante un año, verás que es muy divertido para ellos leer todos esos papelitos que escribieron hace ya un año, cuando eran «muy pequeños».
De esta práctica tan sencilla obtenemos muchos beneficios:
- Fomentamos la gratitud: ayudamos a los niños a enfocarse en lo positivo de su día, reforzando emociones agradables.
- Desarrollamos la escritura reflexiva: escribir a diario mejora su capacidad de expresión y autoobservación.
- Refuerza su autoestima: al releer los momentos felices, los niños recuerdan sus logros y experiencias alegres.
- Promueve la resiliencia: incluso en días difíciles, siempre pueden encontrar algo bueno, ayudándoles a afrontar retos con una mejor actitud.


Debe estar conectado para enviar un comentario.