Un estudio reciente sobre la soledad no deseada nos invita a mirar más allá de las apariencias y a preguntarnos qué significa sentirse parte de la vida de los demás.
¿Alguna vez te has preguntado cómo puede sentirse solo un adolescente que tiene un grupo de amigos, utiliza las redes sociales a diario y parece estar siempre acompañado?
A veces, detrás de una vida social aparentemente normal, hay una sensación difícil de expresar: no sentirse comprendido, no encontrar a nadie con quien poder ser uno mismo o tener la impresión de que, si uno desapareciera del grupo, nadie lo notaría demasiado.
Esta es una de las cuestiones que aborda un estudio publicado en 2026 en European Journal of Psychology Open: Understanding Involuntary Loneliness in Adolescence and Emerging Adulthood: A Qualitative Study of Youth and Parent Experiences, de Yulia Korzhina, Pia Nyman-Kurkiala y Jessica Hemberg.
Sus resultados nos recuerdan algo importante: la soledad no deseada no consiste únicamente en estar sin compañía, sino en sentir que las relaciones que tenemos no nos proporcionan la conexión que necesitamos.
¿Qué es la soledad no deseada?
Estar a solas puede ser una elección saludable. Necesitamos momentos de tranquilidad para descansar, reflexionar, desarrollar nuestros intereses o recuperar energía. La soledad elegida puede resultar agradable y reparadora.
La soledad no deseada, en cambio, aparece cuando existe una distancia entre las relaciones que deseamos tener y las que sentimos que tenemos realmente. Podemos estar rodeados de personas y, aun así, experimentar desconexión emocional, falta de pertenencia o ausencia de vínculos significativos.
En la adolescencia y la juventud, esta experiencia puede resultar especialmente dolorosa. En estas etapas adquieren mucha importancia la identidad, la aceptación de los iguales, la autonomía y la construcción de amistades más íntimas.
No se trata necesariamente de tener pocos amigos. A veces, lo que falta es tener a alguien con quien poder hablar de lo que realmente importa, sentirse aceptado sin tener que fingir o confiar en que otra persona estará ahí cuando las cosas se compliquen.
Korzhina y sus colaboradores realizaron un estudio cualitativo para comprender cómo experimentan la soledad no deseada los adolescentes y jóvenes adultos, qué circunstancias pueden contribuir a ella y qué apoyos podrían aliviarla.
El objetivo no era calcular cuántos jóvenes se sienten solos ni demostrar que una determinada causa produce soledad. Se trataba de comprender mejor las experiencias de quienes la viven y de sus familias.
Los investigadores identificaron seis grandes temas relacionados con el malestar que genera la soledad, los factores que pueden favorecerla y los apoyos individuales, familiares, educativos y sociales que podrían ayudar a afrontarla.
Es importante tener presente que, al tratarse de una investigación cualitativa con una muestra pequeña, sus resultados aportan una comprensión profunda de determinadas experiencias, pero no permiten afirmar que todas las personas jóvenes vivan la soledad de la misma manera.
La presión por encajar y el miedo a ser diferente
Uno de los temas identificados fue la exclusión vinculada a las normas sociales y a las diferencias individuales.
Los participantes describieron cómo tener intereses distintos, expresar opiniones poco habituales, presentar una condición de salud o no ajustarse a las expectativas del grupo puede dificultar la integración. También señalaron situaciones de acoso, rechazo y aislamiento.
Cuando un joven siente que para ser aceptado tiene que esconder una parte de sí mismo, las relaciones pueden convertirse en un espacio de inseguridad en lugar de un lugar de confianza.
Desde la psicología, esto nos invita a recordar que el objetivo no debería ser ayudar a todos los adolescentes a encajar en cualquier grupo, sino facilitar que encuentren relaciones en las que puedan sentirse respetados y aceptados.
Las redes sociales y la comparación constante
Las redes sociales también ocuparon un lugar destacado en las entrevistas.
Los jóvenes hablaron de la tendencia a comparar su aspecto físico, su popularidad o su vida social con las imágenes que otras personas muestran en internet. Ver fotografías de compañeros que salen juntos o descubrir que no hemos sido invitados a un plan puede intensificar la sensación de exclusión.
Además, lo que vemos en las redes suele ser una parte seleccionada de la vida de los demás. Podemos terminar comparando nuestras inseguridades con los momentos más atractivos de la vida ajena.
Sin embargo, el estudio también muestra una realidad menos simplista: los espacios digitales pueden facilitar vínculos significativos, especialmente para quienes encuentran difícil relacionarse presencialmente o buscan personas con intereses y experiencias similares.
Por tanto, no sería adecuado concluir que las redes sociales son siempre perjudiciales. Lo importante es explorar cómo las utiliza cada joven, qué efecto tienen en su bienestar y si contribuyen a conectar con otras personas o alimentan la comparación y el aislamiento.
Las amistades superficiales y la dificultad para confiar
Otra cuestión relevante fue la percepción de que algunas relaciones pueden quedarse en un nivel superficial.
Tener conversaciones frecuentes, intercambiar mensajes o compartir actividades no garantiza sentirse emocionalmente cerca de alguien. Para construir intimidad hacen falta confianza, reciprocidad, escucha y cierta seguridad para mostrarse vulnerable.
Cuando una persona teme que sus confidencias se conviertan en rumores o que los demás solo se acerquen por interés, puede resultarle más difícil abrirse y desarrollar vínculos profundos.
Esto ayuda a comprender por qué el número de contactos o la cantidad de planes sociales no son medidas suficientes del bienestar relacional.
Los cambios vitales y las circunstancias personales
La investigación también destacó situaciones que pueden dificultar las conexiones: cambiar de centro educativo, comenzar la universidad, mudarse de ciudad, iniciar una nueva etapa laboral o perder el contacto cotidiano con amistades anteriores.
A estas circunstancias pueden sumarse problemas de salud, responsabilidades familiares, dificultades económicas o limitaciones para participar en actividades sociales.
Un cambio que desde fuera parece una oportunidad ilusionante puede vivirse, al mismo tiempo, como una pérdida de pertenencia y seguridad.
Por eso, cuando un joven empieza a aislarse, conviene explorar qué está ocurriendo en su entorno, en lugar de atribuirlo automáticamente a su personalidad o a una supuesta falta de habilidades sociales.
Bienestar emocional y soledad.
Los participantes relacionaron la soledad con sentimientos de tristeza, ansiedad, enfado, vergüenza y sensación de fracaso. Algunos describieron experiencias más profundas de alienación, desesperanza o falta de sentido.
También aparecieron dificultades que podían afectar a la vida cotidiana, como el malestar asociado a la asistencia al centro educativo.
Estos relatos muestran que la soledad no deseada no debe minimizarse como una simple cuestión de popularidad o como una etapa que necesariamente desaparecerá por sí sola.
Cuando se mantiene en el tiempo, puede coexistir con otras dificultades emocionales y sociales. Por eso es importante valorar cómo se encuentra la persona en su conjunto, sin asumir que la soledad es la única causa de todos sus problemas.
Como profesionales, debemos escuchar no solo cuántas relaciones tiene alguien, sino cómo las vive, qué significado les atribuye y qué grado de sufrimiento está experimentando.
¿Los padres pueden ayudar?
Una de las aportaciones más útiles del estudio es la importancia que los jóvenes atribuyeron al apoyo familiar. Los participantes describieron a la familia como un lugar de seguridad al que acudir en momentos difíciles.
Esto no significa que los padres puedan evitar todas las experiencias de rechazo ni que sean responsables de resolver por sí solos la soledad de sus hijos. Significa que pueden contribuir a que estos no tengan que afrontar el malestar sin apoyo.
Escuchar antes de intentar solucionar
Cuando un adolescente dice que no tiene amigos o que se siente solo, es comprensible que los adultos quieran ofrecer soluciones inmediatas.
Sin embargo, frases como «sal más», «tienes que poner de tu parte» o «no será para tanto» pueden hacer que el joven sienta que no se ha comprendido lo que intenta expresar.
Podemos empezar con preguntas abiertas:
- «¿Qué es lo que más te está costando de tus relaciones últimamente?».
- «¿Hay momentos en los que te sientes más fuera de lugar?».
- «¿Qué echas de menos en tus amistades?».
- «¿Quieres que pensemos juntos en posibles soluciones o prefieres que te escuche un rato?».
No es necesario encontrar una respuesta perfecta. Escuchar sin juzgar y reconocer el sufrimiento ya puede facilitar que el adolescente vuelva a hablar de lo que le ocurre.
No confundir compañía con conexión
Si nuestro hijo sale con amigos o recibe mensajes, podemos pensar que no tiene motivos para sentirse solo. Pero la experiencia emocional no siempre coincide con lo que observamos desde fuera.
En lugar de discutir si debería sentirse así, podemos intentar comprender qué necesita y qué echa de menos.
Tal vez tenga compañeros con quienes divertirse, pero no alguien con quien hablar de sus inseguridades. Tal vez pertenezca a un grupo en el que teme ser rechazado si muestra sus verdaderos intereses.
La pregunta no es únicamente «¿con quién estás?», sino también «¿cómo te sientes cuando estás con esas personas?».
Ayudar sin invadir su autonomía
La adolescencia implica una búsqueda progresiva de independencia. Acompañar no significa controlar cada conversación, elegir las amistades o exigir que nuestro hijo participe en actividades que le resultan incómodas.
Podemos ofrecer oportunidades, explorar juntos actividades que le interesen y ayudarle a dar pequeños pasos para conocer personas nuevas, respetando sus tiempos.
También es importante evitar que toda la solución recaiga sobre el joven. Si está sufriendo acoso, discriminación o exclusión, no basta con pedirle que sea más sociable: hay que abordar las condiciones que están contribuyendo a su malestar.
Acompañar sin convertirse en su terapeuta
Los padres pueden ofrecer seguridad emocional, pero no tienen que asumir la responsabilidad de resolver todas las dificultades psicológicas de sus hijos.
Si el sufrimiento es intenso, se prolonga o interfiere significativamente en su vida diaria, buscar ayuda profesional puede ser una forma de cuidado, no un fracaso familiar.
¿Qué puedes hacer si eres adolescente y te sientes solo?
Sentirse solo no significa que haya algo defectuoso en nosotros. Tampoco demuestra que seamos poco interesantes, que no sepamos relacionarnos o que vayamos a quedarnos solos para siempre.
La soledad es una experiencia que merece ser escuchada y comprendida. Desde ahí, hay diferentes formas de empezar a actuar.
Buscar relaciones en las que podamos ser nosotros mismos
En ocasiones, el esfuerzo por pertenecer a un grupo nos lleva a ocultar intereses, opiniones o aspectos de nuestra identidad.
Puede resultar útil preguntarnos: «¿Puedo ser yo mismo con estas personas?» o «¿Me siento escuchado y respetado cuando estoy con ellas?».
No necesitamos gustarle a todo el mundo. Encontrar personas con intereses compartidos y valores compatibles puede facilitar la construcción de relaciones más satisfactorias.
Empezar por pasos pequeños y realistas
Cuando llevamos tiempo sintiéndonos solos, acercarnos a otras personas puede parecer una tarea enorme.
En lugar de plantearnos el objetivo de hacer muchos amigos, podemos empezar con acciones más concretas: saludar a alguien con quien compartimos una actividad, proponer un café, apuntarnos a un grupo que nos interese o retomar el contacto con una persona con la que nos sentíamos cómodos.
Estos pasos no garantizan que todas las relaciones prosperen, pero pueden abrir oportunidades de conexión sin convertir cada interacción en una prueba de nuestro valor personal.
Si existe ansiedad social intensa, puede ser útil trabajarla progresivamente con acompañamiento psicológico.
Utilizar las redes para conectar, no para medir nuestro valor
Las comunidades digitales pueden ayudarnos a encontrar personas con aficiones, experiencias o identidades similares a las nuestras.
La cuestión es observar cómo nos sentimos después de utilizarlas. ¿Nos permiten compartir, aprender y establecer relaciones? ¿O terminamos comparándonos, sintiéndonos excluidos y cuestionando nuestro valor?
No siempre es necesario abandonar las redes. En ocasiones, pequeños cambios en las cuentas que seguimos, el tiempo dedicado a comparar nuestra vida con la ajena o el tipo de interacciones que buscamos pueden ayudar.
Cuidar nuestro bienestar sin exigirnos estar siempre bien
Los participantes del estudio mencionaron actividades como caminar, hacer ejercicio, escuchar música, leer, pasar tiempo con animales o contactar con personas queridas como formas de aliviar el malestar.
Estas actividades pueden ofrecer momentos de descanso y ayudar a regular las emociones. Sin embargo, conviene recordar que distraerse no es lo mismo que resolver la soledad.
Podemos disfrutar de una caminata y seguir necesitando relaciones más cercanas. Ambas cosas pueden coexistir.
Por eso, el autocuidado debería acompañar la búsqueda de conexión, no sustituirla.
El papel de los centros educativos y de la ayuda psicológica
La prevención de la soledad no puede recaer exclusivamente en las familias o en los propios jóvenes.
Los participantes destacaron la importancia de que los centros educativos detecten las situaciones de exclusión, actúen ante el acoso y faciliten oportunidades de participación y apoyo entre iguales.
También valoraron los espacios comunitarios en los que los jóvenes pueden relacionarse sin una presión excesiva por encajar o demostrar algo.
Desde una perspectiva psicológica y educativa, esto implica prestar atención a quienes quedan habitualmente al margen, ofrecer adultos de referencia accesibles y construir entornos donde pedir ayuda no resulte vergonzoso.
La atención psicológica también puede ser importante cuando la soledad se acompaña de ansiedad, tristeza persistente, aislamiento creciente o dificultades para desenvolverse en la vida cotidiana.
En consulta, puede ser útil explorar tanto el mundo emocional de la persona como sus experiencias relacionales, las posibles situaciones de rechazo, las transiciones vitales y los recursos disponibles en su entorno.
No se trata simplemente de enseñar a alguien a hacer amigos. A veces hay que trabajar el miedo al rechazo; otras, elaborar experiencias de acoso, fortalecer la confianza, revisar patrones relacionales o ayudar a la persona a encontrar contextos más seguros.
¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?
No es necesario esperar a que la situación sea extrema para consultar con un profesional.
Puede ser recomendable buscar orientación cuando la soledad persiste y genera sufrimiento, cuando la persona empieza a evitar sistemáticamente situaciones sociales, cuando aparecen dificultades importantes para asistir al centro educativo o al trabajo, o cuando se acompaña de ansiedad, tristeza intensa o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.
También conviene prestar atención a expresiones de desesperanza, falta de sentido o deseos de no seguir viviendo. Si un joven expresa ideas suicidas, hay que tomarlas en serio, preguntar directamente por su seguridad y buscar ayuda urgente si existe peligro inmediato.
Acompañar a una persona que se siente sola implica reconocer su sufrimiento sin dramatizarlo, pero también sin restarle importancia.
Desde mi perspectiva profesional, este trabajo invita a ampliar la manera en que comprendemos la soledad en la adolescencia y la juventud.
En primer lugar, nos recuerda que la conexión emocional importa tanto como la presencia de otras personas. No basta con observar la cantidad de relaciones: debemos explorar su calidad y el sentimiento de pertenencia.
En segundo lugar, invita a mirar más allá del individuo. Las experiencias de soledad están relacionadas con sus circunstancias, sus relaciones, los contextos educativos y sociales y las oportunidades reales de participación.
En tercer lugar, subraya el valor de escuchar a los propios jóvenes. Sus experiencias pueden diferir de lo que los adultos imaginan y de las explicaciones que ofrecemos desde fuera.
Por último, nos recuerda que el objetivo no debería ser conseguir que todo el mundo tenga una vida social intensa, sino ayudar a cada persona a construir relaciones suficientemente seguras, recíprocas y significativas.
Conviene mantener una mirada crítica: este estudio ofrece una aproximación cualitativa valiosa, pero no demuestra que las estrategias mencionadas funcionen para todas las personas ni permite establecer relaciones causales. Sus conclusiones deben entenderse como una guía para comprender mejor el fenómeno y orientar nuevas preguntas, no como una receta universal.
No necesitamos más contactos, sino más conexión
La soledad no deseada puede permanecer oculta detrás de una agenda llena, un grupo de amigos o un perfil en redes sociales que parece mostrar una vida perfecta.
Por eso, quizás una de las preguntas más importantes que podemos hacer a un adolescente o a un joven adulto no sea cuántos amigos tiene, sino si siente que puede ser él mismo con alguien, si tiene a quién acudir cuando lo pasa mal y si se siente parte de algo significativo.
A las familias les corresponde ofrecer escucha y seguridad sin juzgar. A los jóvenes, recordar que su soledad no define su valor ni su futuro. Y a los profesionales y a la sociedad, construir entornos donde establecer relaciones auténticas sea una posibilidad real.
Porque combatir la soledad no consiste en llenar todos los silencios. Consiste en crear las condiciones para que nadie tenga que ocultar cómo se siente por miedo a no encajar.
Referencia del estudio
Korzhina, Y., Nyman-Kurkiala, P., & Hemberg, J. (2026). Understanding Involuntary Loneliness in Adolescence and Emerging Adulthood: A Qualitative Study of Youth and Parent Experiences. European Journal of Psychology Open. Publicado en línea el 4 de agosto de 2026.
DOI: https://doi.org/10.1024/2673-8627/a000106
Nota: este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración psicológica individualizada.

